Las imágenes, objetos y artefactos forman parte de la cultura visual e, incluso, la reflexión sobre la propia visualidad.
Realizar una propuesta educativa que favorezca una aproximación que sea crítica y performativa a la cultura visual en la Educación de las artes visuales significa desvelar las prácticas y estrategias discursivas vinculadas a las manifestaciones de la cultura visual y desplegar una posicionalidad corporeizada donde se entrecruzan (espacios físicos, geográficos, mentales…) que rompen con las nociones tradicionales de conceptos binarios como centro-periferia; vertical-horizontal; arriba-abajo…
Existe la necesidad de identificar las posiciones de los docentes. Alvermann, Moon y Hagodd señalan cuatro posiciones. Aquí se definen adaptadas a la relación que los educadores mantienen con las imágenes y artefactos que forman parte de la cultura visual.
1. La perspectiva proselitista. Los educadores consideran las manifestaciones de la cultura visual como influencia negativa para los niños. Ejemplo: Pokémon o Shin-Chan.
2. La perspectiva analítica. El profesorado valora la importancia de la cultura visual en la vida de los estudiantes y lleva ejemplos al aula. Además tratan de que los estudiantes aprendan cómo analizar críticamente los objetivos, imágenes y producciones de la cultura visual de forma que se conviertan en “el espectador ideal”.
3. La perspectiva de la satisfacción. Los educadores ponen el énfasis en los placeres que la cultura visual proporciona a los estudiantes. Se exploran las manifestaciones de la cultura visual y los docentes prestan atención a las posiciones de los estudiantes y no tratan de forzarles a analizar y criticar lo que les gusta.
4. La perspectiva autoreflexiva. Trata de enfocar los temas de análisis, satisfacción, posicionamiento y audiencia de tal manera que favorezca el debate y la adquisición de criterio entre los aprendices. Los educadores reconocen la cultura visual, como parte real e influyente en la vida de los estudiantes
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